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La importancia de un buen desayuno

28 de marzo de 2007

Según un artículo publicado en Local6.com, las frecuentas idas y venidas nocturnas a la nevera podrían deberse a no haber desayunado.

Una investigación bien fundamentada ha demostrado que cuantos más alimentos tomamos a primera hora del día, antes nos saciamos en la cena y desaparecen los accesos de hambre nocturnos. Mientras dormimos, el cuerpo continúa quemando calorías y, finalmente, acaba teniendo hambre pero, dado que estamos dormidos, se mantiene en un estado de “ayuno”.

Por la mañana, hay que romper el ayuno y despertar el estómago. No es necesario ponerse a comer nada más despertar, pero sí procurar tomar algo en las primeras horas (1-2) después de levantarse.

Después del desayuno, conviene tomar la comida principal a medio día. El metabolismo alcanza su punto álgido en la mitad del día y hay que aprovecharlo con una buena comida.

Por la noche, bastará con una cena razonable. Y tanto el metabolismo como la línea nos lo agradecerán.

Fuente: Local6

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Jue
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El sistema endocrino

22 de marzo de 2007

El sistema endocrino, Internet del cuerpo

Según un artículo publicado en BellaOnline.com, el sistema endocrino es una especia de Internet del cuerpo humano. Envía diminutos mensajeros que viajan por el torrente sanguíneo y son responsables de cosas importantes que pasan en el cuerpo y de cómo nos sentimos.

Por ejemplo, la cantidad de estrógenos que produce el sistema endocrino durante toda una vida no supera el peso de un microchip y, sin embargo, es asombroso cómo puede influir en nuestro cuerpo.

El sistema endocrino lo forman una serie de glándulas y unos cuantos órganos que producen hormonas. Las hormonas viajan por la red de venas y vasos sanguíneos y regulan y controlan gran parte de las funciones corporales, es decir, indican al cuerpo qué debe hacer y cómo se debe sentir. Influyen considerablemente en la salud, la actitud, el crecimiento, y el desarrollo, la energía, la sensación de seguridad y el sentimiento de bienestar.

Todos estamos familiarizados, de un modo u otro, con la locura de las hormonas en la adolescencia, la tristeza producida por el síndrome premenstrual y la pesadilla de la menopausia. Pero no tiene porqué ser así.

Igual que un jardín necesita abono, el cuerpo requiere una buena nutrición y un estilo de vida saludable. Los siete pasos para tener una buena salud hormonal y glandular son:

  • Una dieta saludable: son necesarios unos nutrientes específicos para que las hormonas estén equilibradas y las glándulas funcionen de forma óptima. Hay que incluir frutas, vegetales, proteínas bajas en grasa, aceites de pescado con alto contenido en omega-3, frutos secos y cereales integrales
  • Ejercicio regular: el ejercicio diario hace que el cuerpo vaya como la seda. Basta con un paseo diario de 30 minutos o un ejercicio equivalente
  • Controlar el estrés: es importante descansar bien, relajarse y liberar tensiones y emociones negativas. El ejercicio, la meditación y las técnicas para pensar en positivo pueden ayudar
  • Beber mucha agua: el agua es un nutriente esencial. El cuerpo prefiere 8 vasos de agua al día (como mínimo), en lugar de tener que destilarla de otros líquidos
  • Mantener un estilo de vida saludable: eliminar malos hábitos como fumar, tomar alimentos procesados y de alto índice glucémico, bebidas con gas o alcohol y café en exceso
  • Pensar en positivo: la actitud mental tiene una enorme influencia sobre la salud, el funcionamiento del cuerpo y los sentimientos
  • Tomar suplementos nutricionales de buena calidad: a veces, incluso con una buena dieta, no se logra cubrir todas las necesidades del cuerpo con los alimentos.

Fuente: Bella Online

Jue
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Comprender etiquetas de nutrición

28 de septiembre de 2006

Entender las etiquetas de nutrición de los alimentos es complicado para mucha gente

Según un artículo publicado el 22 de septiembre de 2006 en Newswise, en el estudio más rigurosos de todos los que se han realizado para determinar hasta qué punto la gente entiende la información nutricional incluida en las etiquetas de los alimentos, los investigadores han descubierto que las habilidades matemáticas y de lectura de un número importante de personas podría no ser suficiente para extraer la información necesaria.

Utilizando pruebas estandarizadas y validadas de alfabetización (REALM o Rapid Estimate of Adult Literacy in Medicine) y aritmética (WRAT3 o Wide Range Achievement Test), los investigadores del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt encuestaron a 200 pacientes de atención primaria de amplio abanico socioeconómico.

La encuesta de nutrición fue diseñada con información de dietistas registrados, profesionales de atención primaria y expertos en aritmética y alfabetización sanitaria para evaluar la comprensión por parte de los pacientes de las actuales etiquetas de nutrición que acompañan a los alimentos. Algunas preguntas requerían interpretar la información de las etiquetas, como por ejemplo, determinar el contenido calórico o de carbohidratos de una cantidad de alimento consumida. Otras pedían a los pacientes elegir entre dos alimentos cuál de ellos contenía más o menos cantidad de cierto nutriente. Además, la mitad de las preguntas de la encuesta eran sobre productos claramente etiquetados en sus embalajes como “cantidad limitada de carbohidratos”, “bajo en carbohidratos” o diseñados para “una dieta baja en hidratos de carbono”.

El 68% de los pacientes tenía al menos alguna educación superior, y el 77% tenía al menos el 9º grado de alfabetización. Sin embargo, el 63% de los pacientes tenía menos del 9º grado de aritmética. Más del 40% sufrían una enfermedad crónica para la que es importante una intervención dietética importante (por ejemplo, hipertensión o diabetes), y el 23% estaba siguiendo un plan de dieta específico. La mayoría de los pacientes afirmó utilizar las etiquetas alimentarias y encontrarlas sencillas de entender.

En conjunto, los pacientes respondieron correctamente a tan solo el sesenta y nueve por cien del total de las preguntas. Solo el 32 por cien de los pacientes pudo calcular correctamente la cantidad de hidratos de carbono consumida en un envase de gaseosa y solo el 60 por cien de los fueron capaces de calcular el número de carbohidratos consumidos al comer medio bagel, cuando los valores de referencia correspondían a un bagel entero. Solo el 22 por cien de los pacientes logró determinar la cantidad neta de carbohidratos que hay en dos rebanadas de pan bajo en carbohidratos, y sólo el 23 por cien la cantidad neta de hidratos en una ración de spaghetti bajos en carbohidratos.

Entre los motivos más comunes para las respuestas incorrectas estaban una mala aplicación de los valores de referencia empleados como ración, una confusión debida a materiales extraños en las etiquetas alimentarias y cálculos incorrectos.

Según declaraciones de uno de los investigadores, Russell L. Rothman, recogidas por Newswise: “El estudio demostró que a muchos pacientes les cuesta entender las actuales etiquetas de los alimentos, pudiendo ser especialmente complicado para los pacientes con menos conocimientos aritméticos y de alfabetización. El mal entendimiento de las etiquetas nutricionales puede hacer que a los pacientes les resulte difícil seguir bien una dieta”.

Fuente: Newswise